Fall Guy (1982)

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Kinji Fukasaku, con una maestría desbordante a niveles insólitos nos regala este canto de amor al cine.
La peli está ambientada en los estudios Uzumasa de la Toei en Kioto, lo que vendría a ser el Cineccitá de las pelis de samurais.
La historia va de una estrella del chambara, un tío bastante engreído y caprichoso, que deja embarazada a una chica, pero en lugar de tomar él la responsabilidad y para que no le influya negativamente en su carrera, le pide a un extra del estudio que se case con la chavala (la guapísima de la Keiko Matsuzaka). El extra, sintiendo que está en deuda con el actor, ya que gracias a él la industria del cine marcha y por eso él puede conseguir más trabajos, acepta el matrimonio a pesar de que la chica sigue enamorada de la estellona. Todo marcha aparentemente bien hasta que al extra le plantean otro dilema: La carrera de la estrella al que le debe todo está a punto de terminar, a menos que acepte salir en una escena en la que tendrá que caer por las escaleras más altas de la historia del cine japonés, con riesgo para su propia vida.
La película no es solo que ya por el tema del cine dentro del cine sea interesante. Es que además de entretenida y divertida, llega a unos niveles de emotividad que me ha hecho llorar a lagrimón suelto, casi en llanto.
Una maravilla de obligado visionado y disfrute.
Viva Kinji Fukasaku, viva Keiko Matsuzaka, viva el cine, viva el chambara y viva la era Showa.

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